Home >> Monografía >> Calidad de vida e incontinencia de orina
Calidad de vida e incontinencia de orina
Impacto en el estilo de vida al eliminar las actividades sociales.
Temor a perder el control de la micción.
Vergüenza
Impacto negativo en las relaciones sexuales.
Dependencia creciente de cuidados para evitar la incontinencia urinaria.
Incomodidad e irritación de la piel por el uso de apósitos o por la pérdida
de orina.
Cuando se analizan las causas de esta discordancia entre la prevalencia de
la incontinencia urinaria y la demanda de consulta, se encuentran diversas
razones que la explican.
En primer lugar, algunos mitos arraigados en el imaginario colectivo; por ejemplo,
que la incontinencia urinaria es natural y consecuencia del proceso de envejecimiento y, por lo
tanto, es esperable y hay que sobrellevarla; o que nada se puede hacer para revertir
la situación, ya que no existen medicamentos eficaces; o que la cirugía es el
único recurso y entonces la mujer, al evaluar la dualidad de soportar u operarse
sin resultados ciertos, opta por continuar con su dolencia.
En segundo lugar, la mujer tiene vergüenza de padecer incontinencia de orina.
Expresarle al médico
que ante determinadas circunstancias pierde orina, incluso durante el acto
sexual, le ocasiona tanto retraimiento que éste la lleva al silencio.
En tercer lugar, no se puede dejar de mencionar que también existen responsabilidades
en el subdiagnóstico de la incontinencia de orina por parte de los profesionales de la
salud. Si bien la paciente no habla (por prejuicio o vergüenza), el médico tampoco
toma la iniciativa y no pregunta. Los cortos tiempos de la consulta y la despersonalización
creciente de la tarea asistencial conspiran en la relación médicopaciente
y no se pueden establecer los puentes de confianza necesarios para
conversar acerca de temas como la incontinencia de orina.
En cuarto lugar, la escasa disponibilidad de recursos técnicos para obtener
diagnósticos precisos, como la urodinamia (que aún no está tan generalizada), y
la limitada investigación clínica complican aún más el abordaje de esta afección.
Sin embargo, todos estos argumentos, y seguramente muchos otros que no
se han mencionado, no son suficientes y es necesario prestar la debida atención
en la consulta espontánea o inducida, además de implementar los medios para
un correcto diagnóstico y un eficaz tratamiento. La difusión de una completa información
y el estímulo para que las pacientes consulten acerca de la incontinencia de orina
colaborarán,
sin duda, a la resolución de este tema.
Por otro lado, el advenimiento de nuevos tratamientos farmacológicos, el progreso
de las técnicas quirúrgicas mínimamente invasivas y el desarrollo de la uroginecología
como especialidad contribuyen a generar nuevas expectativas en la
resolución de la incontinencia.