La uretra, la vejiga, el trígono y los músculos pubococcígeos derivan del seno
urogenital, por lo que cuentan con gran número de receptores de estradiol.
Los
estrógenos afectan la síntesis de colágeno y su degradación, y mejoran la circulación
sanguínea en la zona periuretral.
Con la utilización de estrógenos se obtuvieron
mejorías sustanciales en los síntomas vesicales, incluidos el goteo, la nocturia,
la urgencia miccional y la frecuencia.
Sin embargo, en un estudio realizado por Fantl y colaboradores, aleatorizado
y controlado con placebo de 83 mujeres hipoestrógenicas con incontinencia urinaria de esfuerzo (IOE), no se hallaron
diferencias significativas luego del tratamiento cíclico con estrógenos conjugados
y medroxiprogesterona3 o placebo al cabo de 3 meses. Iguales resultados
encontraron Jackson y colaboradores en 57 pacientes tratadas con valerato de
estradiol o placebo4.
El estrógeno aplicado localmente puede brindar diferentes efectos, pero los
moduladores selectivos SERM pueden actuar sobre las disfunciones del piso pelviano
en diferentes vías.
De 6 926 mujeres distribuidas al azar para recibir raloxifeno o placebo que
muy probablemente iban a ser sometidas a cirugía por incontinencia urinaria, sólo la mitad de las
tratadas con el fármaco debieron ser operadas. La mayoría de las del grupo
que recibió placebo fueron sometidas a cirugía ante la falta de mejoría sintomática.
En cambio, en un estudio con otro tipo de SERM, el levomeloxifeno, que incluyó
a 2 924 pacientes y con un seguimiento de 10 meses, un 17% del grupo tratado
con el fármaco tuvo mayor incidencia de incontinencia urinaria de esfuerzo (IOE), contra un 4% del grupo placebo.
Se observó un incremento del prolapso de 7% en el grupo de levomeloxifeno
frente a un 2% en el grupo placebo.