A. Apósitos absorbentes: el uso de apósitos se ha generalizado en los últimos
años. Se han realizado estudios que compararon distintos tipos de apósitos
con diversas capacidades de absorción, con geles o no, con productos destinados
a neutralizar olores característicos o con suavizantes para evitar la irritación
de la zona genitourinaria. Sin embargo, si bien es un recurso higiénico y válido, es
insuficiente para cubrir las expectativas de muchas mujeres de optimizar su calidad
de vida.
B. Ejercicio: uno de los primeros recursos terapéuticos utilizados en la incontinencia
de orina es el ejercicio de los músculos del piso pelviano. La contracción
voluntaria repetida de los músculos perineales mejora los síntomas y es incluso
un complemento eficaz de los tratamientos farmacológicos o quirúrgicos.
Las recomendaciones en cuanto al número de repeticiones son diversas, pero
los ejercicios muestran resultados entre los 30 y los 60 días de iniciados. Una de
las dificultades es que las mujeres no siempre los realizan en forma correcta. Por
ello, se han observado mejores resultados cuando se las entrena adecuadamente
sobre su práctica y el examen ginecológico representa una excelente oportunidad
para hacerlo.
C. Cambio de hábitos: en primer lugar, en las mujeres con obesidad o sobrepeso
importante una dieta apropiada para reducir el peso corporal mejora los
síntomas de la incontinencia. De acuerdo con algunas publicaciones, una reducción
de peso del 5-10% puede mejorar los síntomas hasta un 50%. Por otro lado,
aunque la reducción de la ingesta de cafeína y la cesación del tabaquismo no
colaboran efectivamente en los tratamientos con medicación o quirúrgicos para
la incontinencia, son muy recomendables.
D. Pesarios: los pesarios intravaginales fueron diseñados para el soporte de
los órganos genitales en los casos de prolapso por debilidad de la pared anterior
o posterior de la vagina. En el caso especial de los pesarios para incontinencia se
modifica la parte anterior para el soporte y constricción de la uretra a fin de mejorar
los síntomas. Estos dispositivos deben retirarse para la micción y para su
higiene regular. En algunas ocasiones, erosionan la mucosa vaginal, incrementan
la cantidad de flujo vaginal o predisponen a las vaginitis.
Existen distintas formas
y tamaños, y la evaluación de cada mujer es esencial para determinar su verdadera
eficacia y el grado de comodidad de la paciente. Se acepta que el 50% de las
mujeres califican de satisfactorio este recurso terapéutico (véase Figura 5).
Figura 5. Presarios intravaginales adaptados para la incontinenecia urinaria. Distintos formatos
y localización anatómica.