Dentro de la lista de posibles consecuencias de la incontinencia urinaria, suelen destacarse trastornos sociales, tales como el posible aislamiento, depresión y pérdida de estabilidad en la rutina que ella implica.
Pero no siempre se observa la dimensión económica de esta problemática, omisión que resulta llamativa teniendo en cuenta que el impacto sobre la calidad de vida de los individuos afectados es muy profundo.
Un motivo probable es la falta de información concreta y fiable sobre gastos estimados. Sus efectos no están lo suficientemente documentados como para impulsar proyectos que permitan acotar estas consecuencias.
Los recursos invertidos al enfrentarse a esta circunstancia suelen dividirse en dos grandes categorías: gastos directos y gastos indirectos.
Gastos directos
Comprenden aquellas inversiones destinadas al diagnóstico, tratamiento, cuidado y rehabilitación de los pacientes.
Esto incluye el costo de la atención médica, compra de fármacos, intervenciones quirúrgicas y cuidados de rutina. Pero también engloba el transporte utilizado para llegar al hospital, compra de pañales, y gastos de lavandería y otros accesorios, como perfumes, desodorantes y cremas para proteger la piel.
Gastos indirectos
Son aquellos que están relacionados no con el aspecto médico, sino con el individual y social. Por ejemplo, los que tienen que ver con el ámbito laboral. La falta de retención de la orina lleva a grandes modificaciones de la rutina de trabajo de quien la padece: puede motivar ausentismo, disminución de la productividad en las tareas, cambio a un puesto que no involucre contacto con el público (por el cual se puede obtener una menor remuneración) y hasta, en el peor de los casos, despidos.
También hay que considerar la pérdida de ingresos de familiares o amigos que abandonan sus trabajos, para dedicarse al cuidado de su ser querido.
A pesar de que a priori puede ser entendido como un elemento menor, el impacto económico de la incontinencia urinaria sobre el paciente es un ítem que debe ser evaluado de manera adecuada, documentándolo de manera seria y consistente.
Mejorando la gestión de este tema se logrará reducir sus efectos y elevar el nivel de la calidad asistencial.